REFLEXIÓN DE JUEVES SANTO 2020

Mis augurios sobre el futuro no son muy alentadores, salvo que esta enfermedad sea capaz de crear conciencia cosa harto difícil, sobre “las personas que no tienen conciencia” y que son las que mandan en España y en el mundo, nos veremos abocados a un mundo peor y con peor calidad de vida, un mundo donde las distancias entre ricos y pobres serán más insalvables aún.

REFLEXIÓN DE JUEVES SANTO 2020
REFLEXIÓN DE JUEVES SANTO 2020
Imaginaros el contexto, son los primeros días del mes de marzo, China da por superado el pico de la expansión del coronavirus en su país y los datos son 82.000 contagiados y 3.200 muertes, números no muy significativos si contamos con que China tiene una población que supera los 1.300 millones de habitantes.

En esas mismas fechas el virus ya se había expandido por muchos países fundamentalmente por Europa y más concretamente por Italia, Francia, Alemania y España como principales focos de los contagios.
Ahora por un momento poneros en el lugar de nuestras eruditas mentes pensantes haciendo valoración sobre lo que ya tenía visos de pandemia, “¡bah!, si en china con 1.300 millones de habitantes han tenido solo 82.000 casos y 3.200 muertos, nosotros que tenemos muchos menos habitantes y un territorio mucho más pequeño que China, esto lo controlamos en una patada”, con este planteamiento o parecidos han funcionado, políticos de todo color, expertos y periodistas (ojo en el mundo entero).

Ahora tenemos a nuestro gobierno acuciado por los problemas, sin presupuestos para 2.020 y con necesidad de contentar a mucha gente y con la “virtud” de tener descontentos a otros muchos y para colmo el coronavirus, que iba a ser un vulgar resfriado según todos, se les convierte en el principal problema de salud que ha tenido España desde tiempos inmemoriales.
De esta guisa mientras el gobierno deshojaba la margarita de que hacer para combatir el virus, los imagino recibiendo presiones de los poderes económicos para que las medidas que fuesen a tomar no paralizasen la economía, como si la salud estuviese en un segundo orden de prioridades, cuando esta enfermedad solo te deja dos opciones economía o muerte.

Bueno, llegó el 15 de marzo, y por fin se declaró el estado de alerta y nos encerraron o nos encerramos en casa, desde esa fecha el tejido productivo de España se ha ido deteriorando, las medidas de reclusión para la segunda quincena se endurecieron y todavía muchas más personas tuvieron que dejar de trabajar, al día de hoy se ha aprobado o se aprobará una segunda prórroga de confinamiento sin saber a ciencia cierta cuándo podremos salir de casa y en qué condiciones, al menos mientras la virulencia del COVID-19 no remita. Y mientras la economía sigue en horas muy bajas.
Podremos discutir muchas cosas, si las medidas que se tomaron llegaron tarde o no, si fueron suficientes o no, si fueron las correctas o no, todo en las dos vertientes, la sanitaria y la económica, pero solo hay un hecho incontestable, mientras discutimos siguen infectándose más personas y sigue habiendo mas muertos.

Lo más lamentable de todo esta situación es la cantidad de muertes que el virus se está cobrando, somos el país del mundo con más muertos por millón de habitantes, al menos por ahora, podemos si queréis especular sobre el porqué o los porqué, yo incluso os presento mi teoría basada en dos puntos fundamentalmente, primero: una sanidad insuficiente y mal preparada, y segundo: una población envejecida, de las más envejecidas del mundo; si eso lo aderezamos con la falta de cuidados y precauciones para con nuestros abuelos, fundamentalmente en la residencias de ancianos sabiendo que el virus se comporta de forma más perjudicial con las personas mayores, pues ahí tenéis la tormenta perfecta. Repito esta es solo una teoría especulativa mía, cada cual tendrá las suya.

Ya para terminar, mis augurios sobre el futuro no son muy alentadores, salvo que esta enfermedad sea capaz de crear conciencia cosa harto difícil, sobre “las personas que no tienen conciencia” y que son las que mandan en España y en el mundo, nos veremos abocados a un mundo peor y con peor calidad de vida, un mundo donde las distancias entre ricos y pobres serán más insalvables aún.
Juan Carlos Olivares Moreno

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