“COVID-19 vs gestión del Gobierno. Estado de alarma.”

¿Ayudará la gestión de la crisis del COVID-19 a modificar situaciones laborales y aventurarse en mundos desconocidos tanto para los y las trabajadores como para las y los empresarios? Es decir, ¿favorecerá a medio o largo plazo a nuestro precario mercado laboral o no tendrá influencia?

“COVID-19 vs gestión del Gobierno. Estado de alarma.”

COVID-19 ¿enfermedad o hay tantos intereses detrás como gotas en el mar? III

“Separa la tierra del fuego, lo sutil de lo burdo, pero sé prudente, modesto y sabio cuando lo hagas.” De la Tabla de Esmeralda” texto breve atribuido Hermes Trismegisto.

Heráclito creyó que el fuego era el principio de todas las cosas, para Jenófanes la tierra.  En todo caso ambos, fuego y tierra, pertenecieron siempre a los elementos que configuraban la existencia ya no del Universo sino de la propia realidad.

La frase nos indica un principio rector de nuestra existencia, el uso de la prudencia desarrollada desde la sabiduría ejercida con la máxima humildad como medio para la consecución de cualquier objetivo.

¿Estamos ante una epidemia de desinformación para conseguir una pandemia de claudicación?

A principios de febrero la OMS (Organización Mundial de la Salud) se refería a la enfermedad como “brote con numerosos efectos adversos” y animaba a combatir la desinformación. Apenas un mes después la enfermedad ya sí es una pandemia. Su argumento se sustentaba en factores que podemos considerar médicos por su propagación y gravedad, pero le añadían una característica singular y tremendamente significativa los “alarmantes niveles de inacción”. Se supone que la OMS posee la suficiente capacidad como para saber lo que dice. Pasividad o indolencia son sinónimos de inacción. Es lo mismo que decir falta de voluntad. Se supone que la OMS debería ser consecuente con lo que dice. Además de la falta de voluntad de gobiernos e instituciones está en primer lugar su propia responsabilidad. ¿Dónde han estado los máximos dirigentes de la OMS en este mes en el que hemos pasado de brote a pandemia? ¿Debemos creer que esta inacción de la OMS no ha contagiado a los países y ha sido indolencia? O por el contrario ¿debemos pensar que dicha inacción de la OMS ha sido premeditada? Contestemos lo que contestemos a cualquiera de las preguntas y pensemos lo que pensemos la realidad es la que es, que casi seguro estaríamos mejor en Marte.

¿Y por qué digo esto? Me baso en un artículo que leí hace poco en el que se aseguraba de qué si hay vida en Marte, no sería como la de la Tierra.

Claudicar es ceder por presión o tentación. No creo que deba añadir nada más. ¿O quizás sí? Una última apreciación ¿creen que la crisis económica que conllevará irremediablemente la crisis del COVID-19 afectará negativamente a los pobres y clases trabajadoras o a los poderosos y ricos?

¿Ayudará la gestión de la crisis del COVID-19 a modificar situaciones laborales y aventurarse en mundos desconocidos tanto para los y las trabajadores como para las y los empresarios? Es decir, ¿favorecerá a medio o largo plazo a nuestro precario mercado laboral o no tendrá influencia?

Estoy convencido de que quienes estéis leyendo este artículo pensaréis que me refiero al teletrabajo. En principio y de modo transversal sí. El coronavirus, dentro de la desgracia que supone, podría ser una oportunidad en el sentido de probar de manera masiva el teletrabajo, pero no le vamos a sacar partido a esta oportunidad porque es un teletrabajo de emergencia. Corriendo de un día para otro todo el mundo a trabajar desde casa porque debo cuidar de los niños, porque me han puesto en cuarentena pues resulta que alguien cercano a mi tiene coronavirus y por tanto debo estar en cuarentena, o …. Para que el teletrabajo sea productivo y eficiente no se puede improvisar. No se van a obtener buenos resultados. Para remate de la improvisación España no es precisamente primera potencia tampoco última, aunque se le acerca, en este tipo de trabajo en Europa. Por consiguiente, esta aventura forzada en los mundos desconocidos del teletrabajo no favorecerá a medio plazo, y tal vez, quizás, a lo mejor si lo hará a largo plazo. El COVID-19 precarizará aún más nuestro paupérrimo mercado laboral y dará más oportunidades de explotación a todos aquellos empresarios sin principios y explotadores.

¿El gobierno solo puede ser correa de transmisión de los expertos sanitarios o científicos?

¡Categóricamente no! Debe implicarse de tal manera que deje en entredicho a la propia OMS con “su inacción”. Si bien es cierto que podría mejorar los tiempos de comunicación y que algunas acciones como la de la Comunidad de Madrid u otras Comunidades Autónomas debieran estar más coordinadas, no es menos cierto que el gobierno está esforzándose al máximo, pero hay que exigirle más. El hecho de la suspensión de las clases en las Universidades puede hacer, y de hecho me temo que hará, que el virus se traslade de Madrid a las Comunidades o Ciudades Autónomas receptoras de este alumnado. ¿No había otra solución?

Desde el Gobierno se aborda esta situación excepcional con un enfoque múltiple, seguimiento de las recomendaciones de las autoridades sanitarias, desarrollo de indicadores en tiempo real para registrar el posible impacto económico del COVID-19, identificación de los posibles riesgos para empresas o sectores especialmente expuestos y la puesta en marcha de un plan de medidas para mitigar sus impactos y que éstos sean lo más limitados posibles en cuanto a su duración y alcance. Movilizando hasta 18.225 millones de euros durante este año para afrontar esta crisis. Si a estos datos sumamos la gestión sanitaria realizada hasta el momento se percibe claramente que el Gobierno está totalmente implicado, pero como ya dije antes hay que exigirle más. A los gobiernos, estén o estemos quienes estemos, siempre hay que exigirles más. De hecho, hoy sábado se declara el estado de alarma, que no puede exceder de 15 días, salvo con una autorización del Congreso de los Diputados. Esta disposición constitucional permite limitar la circulación de personas, requisar temporalmente bienes, intervenir industrias y limitar o racionar el uso de servicios o el consumo de artículos de primera necesidad, pero no permite la suspensión de derechos fundamentales, como por ejemplo los derechos de reunión o el de libertad de expresión que si permitirían los estados de excepción y de sitio

“Por mi parte, hice un esfuerzo y aclaré mis ideas. Una vez que pude hacer frente a los hechos con frialdad se me ocurrió que, por terrible que fuera nuestra situación, no había aún motivo para desesperar del todo.” Esta frase aparece en la novela “La guerra de los mundos” de H. G. Wells. En la obra la humanidad es casi aniquilada por una invasión extraterrestre siendo salvada in extremis por las bacterias.

Continuará….

Ramón Rodríguez Casaubón

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